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Batalla de Waterloo, combate final de las Guerras Napoleónicas, que puso fin al dominio francés sobre el continente europeo y provocó modificaciones drásticas en las fronteras territoriales y en el equilibrio de poder existentes en Europa. Esta batalla, librada el 18 de junio de 1815 en las proximidades de Waterloo (en la actualidad, Bélgica), es considerada como uno de los momentos decisivos de la historia moderna.

ANTECEDENTES DE LA BATALLA

Napoleón I Bonaparte, que había llevado a Francia a ocupar una posición preeminente en Europa desde 1804 hasta 1813, se vio obligado a abdicar en 1814, presionado por una coalición compuesta por las principales potencias, entre las que cabe destacar a Prusia, Rusia, Gran Bretaña y Austria. Fue enviado al exilio en la isla de Elba y Luis XVIII pasó a ser el nuevo gobernante de Francia. En septiembre de 1814 se convocó el Congreso de Viena, al que acudieron delegados de casi todas las naciones europeas para discutir los problemas resultantes de la derrota de Francia. Sin embargo, el 26 de febrero de 1815, mientras el Congreso celebraba una sesión, Napoleón escapó de Elba y regresó a Francia. Muchos veteranos de sus anteriores campañas se unieron en torno a su líder; Bonaparte llegó a París el 20 de marzo de 1815 y asumió el poder durante un breve periodo denominado de los 'Cien Días'. Los representantes del Congreso de Viena, alarmados por el regreso de Napoleón, reaccionaron rápidamente ante esta crisis. El 17 de marzo, Austria, Gran Bretaña, Prusia y Rusia acordaron aportar cada una 150.000 hombres para formar un ejército conjunto que habría de concentrarse en Bélgica, cerca de la frontera francesa. La mayoría de las restantes potencias participantes en el Congreso se comprometieron a enviar tropas para la invasión de Francia, que comenzaría el 1 de julio de ese mismo año.

LA MOVILIZACIÓN Y LA ESTRATEGIA

Napoleón, instalado en París, tuvo noticias de este plan y decidió atacar rápidamente a los aliados en su propio terreno antes de que tuvieran tiempo de constituir su ejército. Bonaparte, haciendo alarde de su energía y firmeza características, movilizó a 360.000 soldados adiestrados en dos meses. Reservó la mitad de sus tropas en Francia como guarnición de seguridad y agrupó a las restantes en unidades de ataque. El 14 de junio de 1815, Napoleón alcanzó la frontera franco-belga al frente de 124.000 hombres, desplazándose con gran rapidez y en el más absoluto secreto. Otros 65.000 quedaron en posiciones de retaguardia.

Frente a él, al otro lado de la frontera belga, se encontraban dos ejércitos aliados independientes. El mayor, formado por 116.000 prusianos y sajones, comandado por el mariscal de campo prusiano Gebhard Leberecht Blücher, estaba situado en la ciudad flamenca de Namur. Otro contingente, compuesto por 93.000 soldados británicos, holandeses y alemanes, se hallaba en Bruselas, en un puesto avanzado establecido en la localidad de Quatre-Bras. El jefe de este ejército, el general británico Arthur Wellesley, duque de Wellington, era además el comandante general de las tropas aliadas. Napoleón decidió atacar a ambos ejércitos para dividirlos y vencerlos con rapidez. Intentaría entonces hacer frente a las fuerzas rusas y austriacas que se aproximaban a Francia por el Este. Para llevar a cabo su plan, distribuyó a sus hombres en dos líneas de ofensiva y un grupo de reserva estratégica formado por veteranos leales, conocido como la 'Vieja Guardia'.

El 15 de junio de 1815, Napoleón atravesó la frontera belga, lo que sorprendió al mando aliado. Después de cruzar el río Sambre, los franceses derrotaron a la vanguardia prusiana en Charleroi. A continuación, Bonaparte ordenó al mariscal Michel Ney, que dirigía el ala izquierda de sus tropas, atacar a una brigada de la caballería de Wellington en Quatre-Bras, 19 km al norte de Charleroi. El siguiente paso fue mandar al ala derecha, comandada por el general Emmanuel de Grouchy, atacar en el Este a una brigada prusiana destacada en la ciudad de Gilly. Grouchy cumplió su misión y avanzó hasta un punto cercano a la localidad de Fleurus, donde estaba concentrado un regimiento de Blücher. El emperador francés había conseguido situar a su ejército entre los elementos de avance de Wellington y Blücher, mientras que el grueso de sus tropas estaba ubicado de tal forma que podía dirigirse hacia el Oeste, contra las fuerzas anglo-holandesas, o hacia el Este, para atacar a las tropas prusianas.

Bonaparte se trasladó con sus tropas de reserva desde Charleroi hasta Fleurus el 16 de junio. Una vez allí, asumió el mando del ejército de Grouchy y derrotó a los regimientos prusianos. A continuación, se dirigió hacia el norte de Ligny para enfrentarse a Blücher, que se había apresurado a situarse al oeste de Namur con la esperanza de interceptar a los franceses.

LIGNY Y QUATRE-BRAS

La estrategia de Bonaparte en la acción de Ligny era coordinar su ataque a Blücher con la ofensiva de Ney en Quatre-Bras, contando con que sus fuerzas de reserva se desplazarían en apoyo del ala que lo precisara; si todo se desarrollaba según lo previsto, las reservas se dirigirían finalmente hacia el noroeste para unirse a Ney en Quatre-Bras y avanzar hacia Bruselas a fin de dividir a los dos ejércitos aliados.

Cuando Ney inició su ataque sobre Quatre-Bras (16 de junio), Napoleón comenzó su ofensiva sobre las tropas de Blücher. Tras una hora de sangrienta lucha en la que la batalla no se decidía en favor de ningún bando, Bonaparte envió un mensaje urgente al mariscal Ney, ordenándole enviar su primer destacamento al frente de Ligny. El mensajero de Napoleón, en lugar de entregar la orden a través del cuartel general del mariscal Ney, la entregó directamente al general Jean Baptiste Drouet, conde D'Erlon, jefe del primer destacamento. Éste se dirigió inmediatamente a Ligny. Sin embargo, cuando Ney tuvo noticia de la partida de D'Erlon, le envió un mensaje para que regresara a Quatre-Bras. Drouet recibió este comunicado en el momento en el que llegaba al campo de batalla de Ligny y, de nuevo obedeció las instrucciones, de manera que no tomó parte en ninguno de los dos enfrentamientos. A pesar de ello, Napoleón consiguió derrotar a Blücher tras un cruento combate que se prolongó durante tres horas. Los prusianos se retiraron al anochecer; pese a sus numerosas bajas, el grueso del ejército de Blücher permanecía en condiciones de combatir al no haber intervenido D'Erlon en la lucha.

Mientras tanto, Ney, que se hallaba en Quatre-Bras, había esperado inexplicablemente varias horas a que se realizara el ataque sobre la posición anglo-holandesa; esta demora permitió a Wellington recibir el refuerzo de varias divisiones de caballería e infantería. Finalmente, Ney lanzó un ataque a las dos de la tarde, pero fue bruscamente rechazado. Las sucesivas ofensivas sobre las fuerzas anglo-holandesas resultaron igualmente infructuosas, debido a la ausencia del regimiento de D'Erlon. Wellington contraatacó enérgicamente hacia las siete de la tarde y obligó a Ney a replegarse sobre la ciudad de Frasnes, situada varios kilómetros al sur de Quatre-Bras. No obstante, D'Erlon se reunió con Ney en Frasnes a las nueve de la noche.

MONT-SAINT-JEAN

A primeras horas de la mañana del 17 de junio, un mensajero de Blücher alcanzó la posición de Wellington en Quatre-Bras y le informó de la derrota sufrida por los prusianos en Ligny. El general británico, al percatarse de la estrategia de Napoleón, se apresuró a enviar un mensaje a Blücher sugiriéndole que se dirigiera hacia el noroeste y se uniera al ejército anglo-holandés para enfrentarse así a Napoleón conjuntamente en las proximidades de la localidad de Mont-Saint-Jean, al sur de la ciudad de Waterloo. Wellington se retiró de Quatre-Bras varias horas después, dejando allí una brigada de caballería para confundir al mariscal Ney.

Esa misma mañana, Bonaparte, que se encontraba en Ligny, ordenó a Grouchy perseguir al ejército de Blücher, que se batía en retirada. A continuación, envió mensajes a Frasnes en los que ordenaba a Ney atacar a Wellington inmediatamente. El mariscal francés, que no conocía la retirada de Wellington, no obedeció estas órdenes. Napoleón llegó a Frasnes esa tarde, asumió el mando de las fuerzas de Ney, rechazó a la brigada que guardaba Quatre-Bras y partió con su ejército en busca de Wellington. A primeras horas de la tarde, Bonaparte divisó al ejército anglo-holandés atrincherado al sur de Mont-Saint-Jean. Ambos ejércitos comenzaron a prepararse para la batalla.

Durante este tiempo, Grouchy no había conseguido alcanzar al ejército de Blücher. Hacia las diez de la noche del 17 de junio, las tropas de reconocimiento de Grouchy le informaron de que los prusianos, en lugar de retirarse hacia el este de Namur, se habían dirigido al noroeste, con la supuesta intención de unirse a Wellington. Grouchy mandó un mensaje para avisar a Napoleón de tal circunstancia, y éste le envió la respuesta a las diez de la mañana del 18 de junio: debía intentar alcanzar a los prusianos, lo que el general francés no logró.

El ejército francés y el ejército anglo-holandés se encontraban en posición de ataque en la mañana del 18 de junio. La fuerza anglo-holandesa, orientada hacia el Sur, contaba con 67.000 efectivos y 156 cañones, y Blücher se había comprometido a enviar a Wellington 70.000 hombres de refuerzo a lo largo del día. Así pues, la estrategia de Wellington consistía en resistir la ofensiva de Napoleón hasta que llegaran los soldados de Blücher, flanquear el ala derecha de las tropas napoleónicas y después rebasar la línea francesa. El ejército de Bonaparte, situado hacia el Norte, disponía de 74.000 hombres y 246 cañones. Su plan era tomar Mont-Saint-Jean y cortar la ruta de retirada hacia Bruselas a la fuerza anglo-holandesa. De este modo, podría destruir el ejército de Wellington sin ninguna dificultad.

LA DERROTA FINAL

La batalla comenzó a las 11.30 de la mañana con una estratagema de Napoleón en el flanco derecho de las tropas de Wellington. Tras esta maniobra, que no dio el resultado esperado, los franceses abrieron fuego para debilitar el frente central aliado. Hacia la una de la tarde, el emperador observó que las unidades de avance del ejército de Blücher se aproximaban por el Este. Bonaparte envió un nuevo mensaje a Grouchy para comunicarle la situación y le ordenó atacar a los prusianos.

Mientras tanto, la caballería y la infantería luchaban intensamente junto a la sierra que ocultaba al grueso de las tropas de Wellington. A las cuatro de la tarde, las tropas de avance de Blücher, que habían esperado el momento oportuno, entraron en batalla y obligaron a los franceses a retroceder unos 800 m. Éstos consiguieron retomar su posición tras un contraataque y los prusianos tuvieron que replegarse hacia el noreste 1,6 km. Poco después de las seis de la tarde, Ney avanzó hasta el centro de las fuerzas anglo-holandesas y puso en peligro toda la línea de Wellington. Pese a ello, el general británico logró rechazar a Ney.

Napoleón decidió realizar entonces una ofensiva general como último recurso; envió al campo de batalla a todos los batallones de la Vieja Guardia —salvo cinco de ellos— para lanzar un ataque sobre el grueso de las fuerzas enemigas. La infantería aliada causó graves pérdidas a los franceses y reprimió la ofensiva. Napoleón reagrupó a sus fuerzas y atacó de nuevo, pero su situación era cada vez más desesperada. Hacia las ocho de la tarde, los prusianos, que habían tomado posiciones en el ala izquierda de la línea de Wellington, atravesaron el flanco derecho de los franceses provocando el pánico entre las tropas de Bonaparte. Éste consiguió escapar gracias tan sólo a las valientes acciones de retaguardia emprendidas por los batallones de la Vieja Guardia. Mientras las derrotadas fuerzas del emperador huían por el camino de Charleroi, Wellington y Blücher se reunieron y decidieron que las brigadas prusianas persiguieran a los franceses. Durante la noche del 18 de junio, los prusianos atacaron al enemigo y le obligaron a retroceder hasta la otra orilla del Sambre.

LAS CONDICIONES RESULTANTES DE LA GUERRA

Napoleón firmó su segunda abdicación el 22 de junio; Luis XVIII fue restaurado en el trono de Francia el 28 de junio, con lo que concluyó la etapa de los Cien Días. Las autoridades británicas aceptaron la rendición de Bonaparte el 15 de julio, y éste fue enviado posteriormente al exilio en la remota isla de Santa Elena.

Cuando Napoleón hablaba sobre la batalla de Waterloo, solía criticar duramente al general Grouchy por no haber conseguido interceptar a los prusianos tras su retirada de Ligny. Ney tampoco logró atacar a Wellington el 17 de junio y evitar la retirada de Quatre-Bras; asimismo, se equivocó al ordenar a los regimientos de D'Erlon que abandonaran Ligny el 16 de junio, lo que impidió a Napoleón destruir al ejército de Blücher. Finalmente, el propio Bonaparte podría haber reunido fácilmente más tropas frente a Charleroi empleando a las fuerzas de reserva que se mantenían en la retaguardia.

BAJAS

La batalla de Waterloo fue una de las más cruentas de la historia moderna. El número de bajas del 18 de junio fue de 40.000 hombres en el bando francés, 15.000 en el ejército anglo-holandés y 7.000 entre los prusianos.

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