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Francisco de Miranda

En uno de los fines de semana que salgo a montar en bici con mi vecino Luis, me habló de Francisco de Miranda, al que en Venezuela conocen como "El Primer Venezolano Universal" y me resultó muy interesante soy vida, por lo que empecé a buscar información sobre este Personaje que participó en numerosas Guerras como la de Independencia de los Estados Unidos, Guerras Revolucionarias Francesas, Guerra de Independencia de Venezuela o las Guerras de Independencia Hispanoamericana.

Pero comenzemos desde el principio Sebastián Francisco de Miranda nació el 28 de marzo de 1750 en Caracas, Venezuela. Hijo de Sebastián de Miranda y Ravelo, originario de la población de La Orotava, en Tenerife, una de las Islas Canarias y posiblemente emigró a Venezuela como consecuencia de la erupción del volcán Teide, el día 31 de diciembre de 1704, que afectó particularmente a dicha población y que después se vio asolada por la presencia de piratas ingleses, conflictos políticos y penurias económicas de las Islas Canarias, y su madre fue Francisca Antonia Rodríguez Espinosa, caraqueña.

En 1762 recibe clases de latín, gramática de Nebrija y catecismo en la Universidad de Caracas (lo que se denominaba clase de menores). Entre 1764 y 1766 cursa las clases de mayores en los que profundiza sus conocimientos e incorpora historia, logica, fisica, metafisica, etc. Se recibe de bachiller en 1767.

Con el tiempo, la situación de la familia mejoró notablemente y, Sebastián de Miranda logró hacer fortuna como comerciante en Caracas, llegando a ser propietario de diversos inmuebles en la ciudad. Ya en aquellos tiempos existían roces y conflictos sociales que empezaron a crear un problema de gobernabilidad en Venezuela para las autoridades coloniales, que además tenían que aliviar las secuelas negativas de la presencia de la Compañía Guipuzcoana en la provincia.

En La Orotava, la familia Miranda era considerada gente distinguida e ilustre, a diferencia de Caracas. Buscaban pues allí posición social similar rehaciendo su fortuna mediante el trabajo, y/o llegando a obtener títulos académicos en la Universidad. Así, su padre logró además de hacer fortuna, ser nombrado Capitán del Batallón de Milicias de Blancos de Caracas pero por ser nativo de las Islas Canarias (i.e., "isleño") y comerciante, su nombramiento produjo un fuerte rechazo del estamento social conocido como mantuano, sociedad compuesta de blancos criollos, descendientes de españoles, pero nacidos cual Sebastián Francisco en territorio americano), reflejo todo ello de conflictos sociales y raciales latentes y una de las causas de la Independencia. Había cierta dosis de desprecio de los mantuanos hacia su padre por ser un comerciante, ocupación que a sus ojos lo inhabilitaba para ser Capitán de Milicias.

En enero de 1771 parte hacia España , debido a los problemas que ocasiono el  hecho de ser hijo de "blancos isleños o de orilla" (provenientes del archipiélago africano de las Canarias) que implicaba ser un ciudadano de segunda, con deseos de servir en el Ejército Real, y romper así, con un destino poco promisorio en Venezuela. Allí estudia matemáticas, francés, inglés y geografía. Construye una importante biblioteca con las obras de los pensadores más importantes de la época. En 1772 adquiere (pago) el título de Conde de Miranda.

Primeros viajes

1771 marca para Miranda el inició un largo periplo alrededor del mundo durante la mayor parte de su vida llevando desde entonces un minucioso registro con el que confeccionó un archivo personal organizado por él mismo que alcanzó a ser de 63 volúmenes encuadernados, que llevó siempre consigo. Participó en los tres grandes movimientos históricos y políticos de su tiempo: Guerra por la Independencia de los Estados Unidos, Revolución francesa y Revolución de Independencia Latinoamericana.

Desembarcó en el Puerto de Cádiz 35 días más tarde, el 1 de marzo de 1771, hospedándose en casa del señor José de Añino, quien sería un fiel intermediario entre él y sus parientes para procurarle recursos de subsistencia, adquiriendo la vestimenta necesaria para seguir su viaje entre el 1 y el 13 de marzo de 1771, en que partió de Cádiz a Madrid.

Desde entonces madura sus ideas concibiendo la unidad latinoamericana en sus recorridos por el mundo y en su relación con las personalidades más influyentes de la época. Combatió bravamente en América, Europa y África, salvo en Oceanía y Asia, recorrió España y el continente europeo, incluyendo a Gran Bretaña, Rusia y Escandinavia; Asia Menor, América del Norte y América del Sur, Antillas Grandes y Menores. Fue el único hombre que tuvo contacto personal y directo con personalidades tales como George Washington, Napoleón Bonaparte, Simón Bolívar, Catalina la Grande, Federico II de Prusia, Duque de Wellington, José de San Martín, Robert Peel, La Fayette, Antonio José de Sucre, Estanislao II Poniatowski, Potemkin, Cochrane, Samuel Adams y Lavater.

En Madrid

El 27 de marzo de 1771, Miranda llegó a Madrid y comenzó a ser consciente de realidades que ignoraba hasta entonces y que le impresionaron notablemente tales como una gran biblioteca, la abundancia de obras de arte, la majestuosidad de los edificios y el espectáculo de la nieve y los cultivos decorando el paisaje, que le parecieron fabulosos.

Durante sus primeros días estuvo hospedado en una posada hasta que logró trasladarse a una vivienda particular en la que se instaló de forma cuidadosa e inició sus primeros estudios en la ciudad con lecciones de Matemáticas, Geografía y de los idiomas inglés y francés, iniciando así un aprendizaje que no sólo comprendió la formación académica sino también recorridos minuciosos por la ciudad y sus alrededores.

La llegada de Miranda a Madrid coincidió con una etapa de transformación urbanística de la ciudad iniciada por el rey Carlos III, que abarcó de forma directa e indirecta todos los aspectos de la vida de sus habitantes, lo que dio un impulso renovador beneficioso para la ciudad.

Así Miranda contempló edificios y monumentos emblemáticos del Madrid de la época como la Fuente de Neptuno, La Cibeles, el Paseo del Prado con su museo, el Palacio del Buen Retiro, y poblaciones aledañas como El Escorial o Segovia.

En lo social, el Madrid de entonces concentraba su vida literaria en la Fonda de San Sebastián, lugar frecuentado por ilustres escritores y una actividad cultural pujante a la que la obra de la Real Academia, las sociedades económicas y el auge de las imprentas contribuyeron notablemente.

La Plaza de Toros y los teatros populares eran los centros de distracción cotidianos en los que la Nobleza no podía evitar el contacto con «la plebe» y se entremezclaban las costumbres populares con las cortesanas. Y también era el Madrid en el que la Santa Inquisición vigilaba por todas partes a modo de policía cultural y política.

Es en el Madrid de esta época en el que Miranda tiene sus primeras impresiones fuera de Venezuela y también comienza a crear su biblioteca personal, en la que empezó a tener incluso libros que estaban prohibidos por la Inquisición y de la que mantuvo una lista detallada en su archivo personal.

La naturaleza y el número de libros adquiridos en Madrid son una indicación precisa de que, a pesar de la presencia de la Inquisición, existía en la ciudad un ambiente intelectual muy amplio. Libros de matemáticas, arte militar, historia, religión, filosofía y literatura formaron parte de sus lecturas.

Muchos de esos libros constituyeron para Miranda enseñanzas definitivas, que mantuvo cerca de él durante el resto de su vida, entre los que destacan las obras de Maquiavelo, La destrucción de las Indias, de Fray Bartolomé de Las Casas; obras de Lord Bolingbroke, Burke y Locke; Los principios del arte militar, de Federico de Suecia; La historia filosófica, del Abate Reynal; Los principios de política natural, de Burlamaqui; los Comentarios, de Julio César; El arte de la guerra, de Puyssegur; la Táctica, de Guibert; así como también obras de Pope y Virgilio.También complementó su cultura general con lecturas de religión e historia y mejoró sus conocimientos de los idiomas italiano, inglés y francés.

Por último adquirió una flauta para ejercitarse en el arte de la música leyendo las Reflexiones sobre la música del Abate Dubos.

También se ejercitó con la geografía mediante el uso de mapas y globos terráqueos y, como quería presentarse para obtener el grado de Capitán en el Ejército real, se empeñó en estudiar táctica, arte militar, arquitectura militar, ingeniería militar, artillería, fortificación y ataque de plazas.

Después de una concienzuda preparación y del pago de 85.000 reales de vellón, obtuvo una Patente de Capitán según el trámite administrativo correspondiente, que le fue concedido el 7 de enero de 1773 mediante escritura notarial.

Primeras campañas

Después de serle concedida la patente, el ahora Capitán Francisco de Miranda fue asignado al Regimiento de Infantería de la Princesa, al mando del Mariscal de Campo Juan Manuel de Cajigal, iniciando así su carrera militar.

Así desde 1773 hasta 1780, Miranda estuvo asignado en las plazas militares de Madrid, Granada, Melilla y Cádiz de forma intermitente y tuvo una vida social intensa en la que aparecen sus dos primeras amantes.

Tuvo que compaginar a la vez su vida social con su actividad militar, que ya no fue de estudio sino de combate. Enfrentó problemas disciplinarios dentro del Ejército real y su carácter fue evolucionando de forma que siguió cultivándose intelectualmente con libros que inevitablemente hicieron que la Inquisición comenzara a vigilar sus actividades.

Sin embargo, es en esta época cuando tuvo lugar su primera hazaña militar destacada (La Defensa de Melilla), entre 7 de diciembre de 1774 y el 16 de marzo de 1775 en el que las fuerzas españolas lograron rechazar a las del Sultán Sidi Muhammed ben Abdallah, Emperador de Marruecos. En dicha acción, Miranda presentó al comandante español Juan Skarloch un plan para inutilizar a la artillería enemiga mediante una especie de operación tipo comando que él mismo estaba dispuesto a dirigir.

Después en julio de 1775, Miranda fue enviado con las tropas españolas destinadas a atacar Argel en una acción militar que fracasó y de la que logró escapar milagrosamente a pesar de estar herido en las piernas y de que su mosquete había sido destrozado por una bala enemiga.Sin embargo, a pesar de las acciones realizadas y del peligro enfrentado, Miranda no obtuvo condecoración o ascenso alguno y fue destinado a la guarnición de Cádiz.Allí el Conde O'Reilly le impone un arresto por fallas en el uso del uniforme y poco después su situación se complicó aún más en Madrid y tras la intervención del Inspector General y de su antiguo comandante Cajigal, el mismo rey dispuso que fuera trasladado al Batallón de Aragón en Cádiz como Ayudante de campo bajo las órdenes de Cajigal titi.

Misiones en Norteamérica y las Antillas

A lo largo del año 1779 se desarrollaron una serie de acontecimientos que involucraron a España en la Guerra de Independencia de Estados Unidos a cambio de conseguir ampliar sus territorios en Luisiana y recuperar Florida.

Para ello los españoles comenzaron a preparar en Cádiz una flota expedicionaria a principios de 1780 para combatir contra Inglaterra en el Caribe al mando del Almirante José Solano y Bote y en la que Miranda participó como miembro de las tropas de Cajigal.La flota partió de Cádiz el 28 de abril de 1780 con rumbo a La Habana, donde llegó el 4 de agosto de 1780 para evaluar la situación general del conflicto.

Para entonces los españoles habían iniciado en 1779 un ataque desde Luisiana contra los ingleses y se preparaban para atacar Pensacola en una acción conjunta en la que convergerían las fuerzas españolas de Luisiana y la Flota expedicionaria.

Batalla de Pensacola

Así Miranda participó con las fuerzas de Cajigal que salieron de La Habana el 9 de abril de 1781 para participar en la batalla de Pensacola, en la Florida en una acción militar que culminó el 8 de mayo de 1781 con una victoria sobre los ingleses tras la cual Miranda fue ascendido a Teniente Coronel por su labor en la planificación y estudio del terreno.

En Pensacola, Miranda permaneció destacado un tiempo, continuó adquiriendo libros para aumentar su biblioteca personal y también compró cuatro esclavos negros como forma habitual en la época para proveerse de servicio doméstico.

Poco después Miranda fue designado por Cajigal para realizar una misión encubierta encaminada a estudiar las instalaciones militares y tropas inglesas en Jamaica bajo el pretexto formal de ser un comisionado español encargado de negociar un convenio de intercambio de prisioneros.Después de recibir el despacho oficial encomendándole la misión, Miranda se embarcó con rumbo a Jamaica vía Batanabó y llegó a Kingston el 20 de septiembre de 1781.Al principio su presencia provocó una natural desconfianza en los ingleses pero a pesar de ello logró realizar con éxito su misión de reconocimiento y además negoció un convenio fechado el 18 de noviembre de 1781 que reguló el canje de prisioneros españoles e ingleses del mismo rango.

Con la información obtenida, Miranda volvió a Cuba y tras tocar tierra en Batanabó, envió un informe al Capitán general de Cuba con detalles muy precisos sobre las operaciones y capacidad de las tropas inglesas del sector.

Sin embargo, lo que debió culminar como una acción destacada en la carrera militar de Miranda terminó siendo empañado como consecuencia de una Sumaria de 155 hojas que la Inquisición había remitido contra él en Sevilla el 11 de noviembre de 1778 por delitos de proposiciones, tenencia de libros prohibidos y pinturas obscenas.

La orden de enviar a Miranda de regreso a España en cumplimiento de la sentencia del 5 de febrero de 1782 del Supremo Consejo Inquisitorial no llegó a cumplirse debido a diversos fallos de fondo y forma en el proceso administrativo que hacían que la orden se cuestionase y también en parte por el apoyo incondicional del comandante Cajigal.

Así mientras se conseguía que el rey revisara el caso, Cajigal encomendó a Miranda la misión de acompañarle en el ataque a las islas Bahamas en el que se logra la capitulación inglesa el 8 de mayo de 1782 a favor de España en unas negociaciones dirigidas por Miranda y en las que consiguió además la cesión de todas las islas.

La eficiencia demostrada por Miranda en las Bahamas le valió entonces la recomendación de Cajigal para que fuera ascendido a Coronel y pasó a estar bajo las órdenes del Comandante general de las fuerzas españolas en Cuba, Bernardo de Gálvez, como Ayudante de campo en la población de Guárico.En aquel momento los españoles estaban preparando una acción conjunta con los franceses para invadir Jamaica (último reducto inglés en el Golfo de México) y la población de Guárico era el lugar idóneo para planificar estas operaciones por estar cercano a la isla y por su posición de fácil acceso para poder reunir tropas y los mandos consideraban a Miranda la persona idónea para planificar las operaciones por tener un conocimiento de primera mano de la situación de los ingleses en la zona.

Sin embargo, un ataque preventivo de los ingleses y las dificultades de la flota francesa que forzaron la paz entre Inglaterra y Francia hicieron que la invasión no se concretara y por lo tanto Miranda permaneció así un tiempo en Guárico en el que la Inquisición sería su principal problema.

En Estados Unidos

Al no concretarse la invasión de Jamaica las prioridades para las autoridades españolas cambiaron y por consiguiente el proceso de la Inquisición contra Miranda tomó un nuevo impulso. Con el tiempo los problemas de Miranda con la Inquisición se complicaron y le envían a La Habana para ser detenido y enviado a España pero por diversas circunstancias estos planes se ven frustrados y ante la inminencia de su arresto decide irse a los Estados Unidos. Gracias al apoyo de Cajigal consigue escapar de la vigilancia del Gobernador de La Habana con la ayuda del norteamericano James Seagrove que arregló su viaje en un barco que lo llevó hasta New Bern, donde desembarcó el 10 de julio de 1783 a las cinco de la tarde, ya terminada su guerra de independencia, y en una etapa de reconstrucción en que se debatía sobre la forma política a adoptar entre el federalismo o la confederación. Durante el tiempo que estuvo en Estados Unidos, Miranda realizó un estudio crítico sobre sus defensas militares en el que demostró un conocimiento amplio del desarrollo del conflicto norteamericano y sus circunstancias.

Allí Miranda preparó y fijó la técnica de correspondencia que usará durante el resto de su viaje en el que conoce a las personas mediante el obsequio y préstamo de libros y examina la cultura y las costumbres de los sitios por los que pasa de una forma metódica. Pasando por Charleston, Filadelfia, y Boston va tratando con diversos personajes de la sociedad estadounidense en veladas y paseos en los que llegó a tener algunas aventuras amorosas que Miranda mismo calificó de intrascendentes hasta llegar a Nueva York.

En esta ciudad conoció a la importante familia Livingston, cuyos miembros ocupaban importantes posiciones políticas y tenían vínculos con otras familias importantes de la ciudad. Al parecer Miranda mantuvo una relación romántica con Susan Livingston, hija del canciller Livingston, que se vislumbra cuando Miranda realiza un viaje a Boston y en el que la joven parece estar enamorada de él según las cartas que le escribía.

Parece sin embargo como si Miranda no deseara pasar más allá de una simple amistad, lo que explicaría su más bien precipitada salida de Nueva York. Aunque Miranda mantuvo el contacto epistolar con Susan durante años, nunca volvió a verla, por lo que posiblemente llegara a pensar que una relación que le llevara al matrimonio no era compatible con sus planes y forma de vida. Durante el tiempo que estuvo en Estados Unidos, Miranda buscó conocer y relacionarse con gente importante y así fue como conoció personalmente a George Washington en Filadelfia, cuando este venía de recibir el control militar de Nueva York tras el fin de la guerra. También conoció a otros personajes distinguidos como el general Henry Knox o Samuel Adams, y además fue observando ciertas instituciones de la nueva nación que lo impresionaron como la Biblioteca de New Port o el Princeton College, Rhode Island College y el Cambridge College.

La permanencia de Miranda en los Estados Unidos sólo se vio afectada por el conflicto de intereses entre Francia y España en este país después de la guerra ya que los franceses no estaban interesados en que se divulgaran demasiado los aspectos negativos de su intervención en el conflicto y el fracaso de la invasión de Jamaica era uno de ellos. Al parecer se habían enviado informes desde La Habana al gobierno norteamericano que acusaban a Miranda como un traidor y desertor que fueron divulgados por los franceses para perjudicarle ya que él era la única persona que podía desmentir la acusación del fracaso de la invasión de Jamaica como responsabilidad de España. La difusión de estos informes hizo que la situación de Miranda fuera comprometida ya que no podía defenderse sin divulgar los detalles de su misión de espionaje en Jamaica que eran secreto de Estado y por lo tanto ante esta situación decide marcharse a Inglaterra.

En Europa

De Inglaterra a Rusia

El 15 de diciembre de 1784 Miranda salió del puerto de Boston en la fragata mercante Neptuno a las cinco de la tarde rumbo a Londres y después de un viaje que necesitó unos 56 días llegó a Inglaterra el 10 de febrero de 1785.

En Londres, Miranda fue vigilado discretamente por los españoles ante las sospechas de traición que recaían sobre él y en cuyos informes resaltan los tratos personales que mantiene Miranda tanto con personas sospechosas de conspirar contra España como con personajes considerados eminentes sabios de su tiempo.

A pesar de que el Marqués del Campo (título posterior del Rey Carlos III de España de 1787 en favor de Bernardo del Campo, en aquel entonces Embajador español en Londres cuando Miranda fue allí en 1784), llegó a tratar personalmente a Miranda para estudiarle y llegó a deducir que su culpabilidad por traición era dudosa, se dio igualmente la orden de capturarle y llevarle a España para enjuiciarlo.

Sin embargo, debido a una serie de afortunadas casualidades Miranda marchó el 10 de agosto de 1785 hacia Rusia con el Coronel norteamericano John Smith, un personaje aventurero y poco práctico, pero miembro de la legación americana ante el Rey Jorge III de Inglaterra y su esposa Carlota, casado con Abigail Adams, hija de la Abigail Smith que se llamó después de casada Abigail Adams y del segundo Presidente de los EE.UU. John Adams, no sin antes presenciar en Prusia las maniobras militares preparadas por el rey Federico El Grande.

Pasó por regiones de las actuales Bélgica, Alemania, Austria, Hungría, Polonia, moviendo a tierras griegas e italianas, donde permaneció durante más de un año, y visitar la corte de Catalina II, desplazada en ese momento desde Moscú hasta Kiev, (actual Ucrania).

Después de pasar por Constantinopla, capital turca con quien los españoles mantenían relaciones diplomáticas desde 1783, fue obligado a pasar una cuarentena sanitaria en Kherson, y el Príncipe de Potemkin le presentó ante Catalina en Kiev el 13 de febrero de 1787. Catalina mostró bastante interés por los asuntos de América y el sistema de gobierno. En Rusia, se cambio el apellido por Meeroff y sus descendientes con ese apellido son muy conocidos en USA y Argentina.

Miranda en la Revolución Francesa

En 1791, Miranda tomó parte activa en la Revolución francesa. En París, hizo amistad con los girondinos Jacques Pierre Brissot y Jérôme Pétion de Villeneuve, y sirvió brevemente como general en una sección del Ejército revolucionario francés (llamado entonces «La Convención») que lucho en la campaña de 1792 para conquistar los Países Bajos, llegando al grado de Mariscal de Francia, bajo el mando de Charles François Dumouriez. Durante la campaña participó en las batallas de Argonne, Wargemoulin, Amberes, Lieja, Tongres, Paliemberg y Valmy y alcanzó la posición de segundo jefe del ejército del norte del cual se separaría por grandes diferencias con Dumoriez.

Arrestado varias veces durante el reinado del terror, Miranda fue amenazado con ser deportado después una medida del Directorio de la Monarquía y los Girondinos. A pesar de todo, su nombre permanece grabado en el Arco de Triunfo que fue construido durante el primer imperio.

América del Sur (1806-1812)

Su contribución más grande está probablemente en la lucha para la liberación de las colonias en la América española. Miranda tuvo la visión de un gran imperio independiente que consistía en todos los territorios que estaban en poder de los españoles y portugueses comenzando con los territorios al margen del Río Misisipi hasta la Tierra del Fuego, en el punto más al sur del continente. El imperio estaría bajo dirección de un emperador hereditario llamado Inca para apaciguar a las etnias indígenas y tendrían una legislatura bicameral. Él concibió el nombre Colombia para este imperio, inspirado en Cristóbal Colón.

Con ayuda británica, Miranda realizó una invasión a Venezuela en 1806. Llegó al puerto de La Vela de Coro el 3 de agosto, donde la bandera venezolana tricolor fue izada por primera vez, pero al no encontrar apoyo popular se reembarcó diez días después.

El 19 de abril de 1810, Venezuela inicia su proceso independentista, por lo que Simón Bolívar persuadió a Miranda de volver a su tierra natal, en donde le hicieron general en el ejército. Cuando el país declaró formalmente independencia el 5 de julio de 1811, tiene el honor de firmar el Acta de la Declaración de Independencia de Venezuela; más tarde, en 1812, él asumió la presidencia con poderes dictatoriales, tras ser nombrado por el Congreso en el cargo de Dictador con el rango de Generalísimo.

Las fuerzas realistas contraatacaron (véase Primera República de Venezuela), pero Miranda era incapaz de pasar a la ofensiva por las constantes deserciones que se daban en sus fuerzas. Miranda intentó resistir el ataque realista pero la caída de Puerto Cabello (bajo el comando de Simón Bolívar) a manos españolas, la rebelión de los esclavos de Barlovento así como el creciente número de los ejércitos españoles que lo atacaban, Monteverde desde Valencia y Yáñez desde Calabozo le hicieron imposible resistir.

Temiendo una derrota brutal y desesperada, Miranda, para evitar mayores males a su pueblo, firmó un armisticio con los españoles en julio de 1812 en la ciudad de (San Mateo). Mientras Miranda esperaba en el puerto de La Guaira para embarcarse al exterior, un grupo de oficiales dirigidos por Bolívar, deseosos de conseguir para sí salvoconductos para escapar de Venezuela, apresaron al gran Miranda y, para congraciarse con las autoridades españolas, traidoramente les entregaron al que hasta entonces había sido hábil y glorioso líder del movimiento independentista. En vano se empeñan los biógrafos y hagiógrafos de Bolívar en justificar esta vil acción, que valió al llamado Libertador el fulminante vituperio de Karl Marx.

Prisión y muerte

Desde el puerto de La Guaira, Miranda fue transportado al Castillo San Felipe de Puerto Cabello donde a principios de 1813 escribe desde su celda un memorial a la Real Audiencia de Caracas exigiendo el cumplimiento de la capitulación de San Mateo. El 4 de junio de 1813 es trasladado hacia la fortaleza de El Morro, ubicada en Puerto Rico y de allí a España donde es encerrado en el calabozo del penal de las Cuatro Torres del arsenal de la Carraca en San Fernando. Allí sólo recibió algunas noticias y ayuda de algunos amigos. Miranda planea escapar hacia Gibraltar pero un ataque de apoplejía frustra sus planes y muere, a los 66 años de edad, el 14 de julio de 1816.

Una pintura de óleo del artista venezolano Arturo Michelena de título Miranda en la Carraca (1896) -que retratan al héroe en la cárcel española en donde murió- se ha convertido en un símbolo gráfico de la historia venezolana y ha inmortalizado la imagen de Miranda para las sucesivas generaciones de venezolanos.

En Venezuela se honra con el nombre de Miranda a distintas avenidas, calles, plazas, autopistas y parques. Asimismo, la segunda entidad más poblada del país, el Estado Miranda, lleva su nombre.

 

Napoleón, dijo de él:

"A ese hombre le arde en el pecho el fuego sagrado del amor a la libertad"

 

 

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